Autor: Jorge Ortega
Páginas: 255
Tapa: Blanda
Editor: Grijalbo
“Hay pocos inocentes en este mundo, amigo. El dinero lo puede y lo pudre todo”.
Nos encontramos en Cuenca, en la década de los años sesenta, España comenzaba a estabilizarse tras la devastación que dejó a su paso la Guerra Civil. Un buen día, un muchacho al que apodaban “El Legionario” aparece asesinado en su vivienda. Inmediatamente las sospechas recaen sobre un vecino de la localidad, con quien el difunto había tenido una discusión la noche anterior. Como el sospechoso ha huido, para el Sargento Calleja no cabe la menor duda de que él ha sido el culpable.
Sin embargo, el Brigada de la Guardia Civil Andrés Valencia, no está tan seguro de la culpabilidad del acusado y sospecha que el asunto tiene otro trasfondo. Este hombre tiene la costumbre de cuestionarlo todo, mal hábito en aquella época, y por esta razón, comienza a investigar para tratar de esclarecer el caso.
Mientras Valencia estaba inmerso en sus pesquisas, su superior, el Capitán Jesús Muñoz, le pide como favor que investigue de manera extra oficial la desaparición de Nachito, el hijo de tres años de su sobrina Claudia. Al parecer, el niño había sido secuestrado y sus captores ya habían pedido un primer rescate y nuevamente solicitaban otra fuerte suma de dinero.
Andrés deberá ser muy cauteloso, pues los secuestradores habían amenazado a la familia con hacer daño al pequeño si el caso llegaba a manos de la policía. Inmerso en dos casos que en apariencia no mantienen ninguna relación y con el tiempo jugando en su contra, nuestro protagonista deberá hacer uso de todas sus habilidades si desea rescatar con vida a Nachito y dar con el culpable del homicidio. Al mismo tiempo, seguirá manteniendo una relación con su novia Paz mientras enfrenta sus propias dudas e inseguridades.
Con Las Malas Costumbres, Jorge Ortega nos sumerge de lleno en la España de los años sesenta, una época convulsa y difícil en la que el país trataba de superar aquel periodo oscuro de su historia. Haciendo gala de una pluma elegante, el autor nos entrega magníficas descripciones de Cuenca, tan es así, que podemos sentir que estamos contemplando sus famosas casas colgadas, que recorremos sus calles y callejones y que incluso podemos situarnos, cual testigos silenciosos, en cada uno de los escenarios en los que se desarrolla la historia.
Estamos ante una novela policiaca muy bien escrita, estructurada en capítulos cortos y cuya lectura fluye de manera ágil y amena. Uno de los aspectos que más me ha gustado en la historia, es que el autor refleja el vocabulario que se utilizaba en la época, obsequiando al lector con palabras de uso coloquial en la localidad, esas que los pueblerinos utilizaban y que en estos tiempos que corren han ido cayendo un poco en el olvido, lo cual es una pena, puesto que son parte de nuestro acervo cultural como país.
Con respecto a los personajes, puedo decir que los he sentido muy bien perfilados, especialmente a nuestro protagonista y a algunos secundarios. Me ha encantado el personaje de Andrés, un hombre inteligente y sagaz, con un humor un tanto peculiar y que no teme admitir sus miedos y debilidades y conforme lo vamos conociendo, comprendemos el porqué de sus temores e inseguridades. Nuestro protagonista es de esos detectives de la vieja escuela, aquellos cuya arma más poderosa era su capacidad deductiva y en algunos aspectos, nos puede recordar a icónicos personajes como el Detective Colombo.
La historia resulta muy entretenida e inmersiva y mantiene completamente enganchado al lector, puesto que en todo momento ocurren cosas, además, en el desenlace nos sorprende con un muy buen giro que nos lleva a reflexionar en torno a algunos aspectos y conductas que pueden tener algunas personas.
A través de sus personajes, el autor refleja valores muy positivos como son la amistad, la confianza, la lealtad o el amor, así como también hace una potente crítica de sentimientos que resultan negativos y perniciosos como la traición, la avaricia, la ambición, el egoísmo o la soberbia. De manera excelente, Ortega nos hace una radiografía de la maldad humana y de cómo algunos individuos son capaces de lo que sea con tal de conseguir sus objetivos, sin importarles nada ni nadie.
Otro aspecto que me ha gustado mucho en la historia, es que el autor nos muestra en plenitud la situación que tenían las mujeres en aquella época, de completa indefensión y desigualdad. Nos habla por un lado de aquellas que quedaron relegadas al papel de esposas y madres y por otro de unas cuantas que se vieron impelidas a convertirse en las cuidadoras de sus familiares, dejando atrás sus sueños, esperanzas e incluso su vida y en muchos casos, para ni siquiera recibir un agradecimiento por su esfuerzo y sacrificio.
También es verdad que no todas las mujeres eran víctimas de malos tratos y abusos, muchas de ellas eran felices y plenas y podían aspirar a conseguir algunos objetivos y este aspecto también lo muestra el autor en la novela. Además de todo esto, en la obra nos deja claro que al igual que hay malas personas también las hay buenas y nos obsequia con un poderoso mensaje muy positivo con el que tendremos claro que “aunque las sombras avasallen todo a su paso, una pequeña luz puede guiarnos a la esperanza”.
En definitiva, amigo lector, si tienes ganas de leer una historia entretenida, que refleje muy bien la época en la que está ambientada y que tenga personajes perfilados con cuidado, mostrándonos sus respectivos claro oscuros y las sombras que atenazan a algunos de ellos haciendo posible al espectador comprender el porqué de sus acciones aunque no justificarlas, entonces, te recomiendo que le des una oportunidad a este libro y puedes hacerte con él pinchando en este enlace. Por último, quiero agradecer a Jorge el haber confiado en mí para leer y reseñar su obra y a la Editorial Grijalbo por haberla puesto en mis manos.
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