Páginas: 479
Tapa: Blanda
Editor: Grijalbo
“No importa lo lejos que vayas, nunca podrás renunciar a tus raíces”.
En el año 1900, en un pueblo de la costa asturiana llamado Bocamar, vivía Ramón Alas-Solís, hijo de un humilde pescador, soñaba con un futuro mejor y abandonar esa vida que no le gustaba. Consiguió un empleo como jardinero en “La Pumariega”, la casa señorial en la que vivía Don Gonzalo junto a su hermana Teresa y Clara, la hija de esta.
Trabajando allí, Ramón conoce a Clara y poco a poco el amor se va gestando entre ambos adolescentes. Al ser ella de una familia acomodada, para Ramón era casi imposible aspirar a una vida juntos. La solución viene para el chico cuando Nicolás, un vecino del pueblo que había marchado hace años a hacer fortuna en Cuba vuelve a pasar las vacaciones en la localidad y le ofrece al jardinero la oportunidad de buscar un futuro allende los mares.
La muerte del padre de Ramón, fue el factor decisivo que hizo que este se decidiese a viajar a Cuba. El muchacho vende su casa y con muy poco dinero en el bolsillo y una pequeña maleta, se embarca en el vapor Alfonso XII hacia un destino incierto. En el barco, Ramón conocerá a dos personas que serán significativas en algún momento de su vida, el primero es un joven de su edad llamado Elías, que viajaba junto a su hermana María Pilar y el segundo, un hombre adinerado que lleva por nombre Francisco de las Barras.
Desde el momento en el que embarcó, las cosas no fueron sencillas para Ramón, ya que en el barco tuvo que atravesar momentos difíciles. Pero la situación no cambió al tocar tierra, puesto que lo primero que tuvo que sufrir fue una estricta cuarentena que se impuso a los pasajeros de tercera clase del navío.
El tesón y las ganas de prosperar de Ramón, lo hicieron salir airoso de la adversidad y a la vez ayudar a quien podía en el camino. Pasó por muchos empleos, hasta que llegó a una fábrica de puros, en donde, tras un tiempo de trabajo, fue creado para él el puesto de “Lector de la tabaquería” y su función consistía en leer para los empleados mientras estos elaboraban los habanos, promoviendo así que el personal trabajara contento y con ello resultados más óptimos para la empresa.
Mientras tanto, en España, Clara, luchaba arduamente por conseguir su sueño de convertirse en pintora, a la vez que se debatía entre la lealtad a Ramón o tener que aceptar un matrimonio por conveniencia con un hombre al que no ama. Ninguno de los dos jóvenes podía imaginar siquiera lo que el destino les tenía deparado.
El Lector de la Tabaquería supuso para Susana Vidal su incursión por la puerta grande el mundo de las letras. Estamos ante una novela preciosa, que es capaz de despertar en el lector una gran cantidad de sentimientos. El libro está estructurado en capítulos cortos que hacen la lectura más amena y dinámica, además, en todo momento suceden cosas y eso mantiene el interés y las ganas de conocer el desenlace de la historia.
Valiéndose de una pluma exquisita y elegante, Susana nos traslada a los albores del siglo XX en el que conoceremos a la sociedad española y la cubana de la época. Con muy buenas descripciones, que en ningún momento se tornan pesadas ni se sienten excesivas, sentiremos que acompañamos a Ramón por su periplo desde el momento en el que abandona Bocamar, pero también podremos sentir que permanecemos al lado de Clara en España, mientras contemplamos en silencio y con admiración su lucha por ser pintora y por destacar en una sociedad que era totalmente patriarcal y en la que el papel de la mujer quedaba relegado básicamente al matrimonio.
Gracias a esta novela descubrí que el puesto de Lector de Tabaquería, efectivamente existió en aquella época y que incluso fue considerado patrimonio nacional. Ha sido un descubrimiento precioso y he podido aprender mucho más al respecto gracias a este libro y a la nota aclaratoria que la autora introduce al final.
Algo que me ha gustado muchísimo en la novela, es que, en medio de la ficción, Susana introduce algunos hechos reales e incluye en la historia a personajes que vivieron en aquel tiempo como fueron el pintor Joaquín Sorolla o Alberto Yarini.
A lo largo de las páginas de este libro, la autora aborda muchos temas importantes como son la trata de blancas y la prostitución forzada o la lucha por conseguir los sueños e ideales. Ensalza valores maravillosos como la amistad, la lealtad o la voluntad de no rendirse nunca ante la adversidad, así como hace una crítica a algunos aspectos negativos de la época tales como la opresión que vivían muchas mujeres, las marcadas diferencias entre clases sociales y la pobreza que llevó a muchas personas a abandonarlo todo en busca de un futuro mejor.
Explora de manera magistral sentimientos negativos y perniciosos como son la avaricia, la envidia o el afán de poder que motivan a algunos individuos a llevar a cabo actos mezquinos mientras que van perdiéndose a sí mismos en el camino, a la vez que ensalza la solidaridad y la importancia de ayudar a nuestros semejantes y la satisfacción que esto produce en el alma.
Pero si hay un tema que Susana aborda en toda su extensión y que lleva al lector a plantearse muchas reflexiones es el de la migración. Hubo un tiempo en el que cientos de españoles marcharon de su hogar, en busca de un futuro que aquí no tenían posibilidad de encontrar, provocando que dejasen en tierra a familiares, amigos y un pasado, en pos de un sueño que no sabrían si se concretaría. Mientras leía, me acordé mucho de aquel famoso poema que antaño escribió mi paisana Rosalía de Castro y que lleva por título Adiós Ríos, Adiós Fuentes y que transmite a la perfección esa sensación de cambiar la tierra por el mar.
Con respecto al tema migratorio, otro aspecto que me pareció muy bonito, es que Susana refleja la necesidad que tiene el emigrante de encontrarse en el extranjero con gente de su tierra. Para quien marcha, encontrarse con paisanos, es como una manera de sentir la patria un poco más cerca. Además, hace énfasis en el valor y la importancia de nunca olvidar las raíces, así como también refleja el anhelo de muchos emigrantes de algún día poder retornar al hogar, a ese terruño al que se pertenece y al que los ancestros pertenecieron.
En definitiva, es una novela preciosa capaz de conmover y emocionar a cualquiera y cuya lectura recomiendo muchísimo a todo el mundo. Para finalizar, me resta agradecer a Susana el haber confiado en mí para conocer y reseñar su Ópera Prima y a la Editorial Grijalbo por haberme hecho llegar el ejemplar y deciros que si vosotros también os animáis a conocer al Lector de la Tabaquería, solamente haced click aquí.

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